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Un nuevo presupuesto plurianual para la UE: ¿más flexible y simple?

Foto del escritor: europedirect94
europedirect94
7 jul
2 min de lectura

Vanessa Lobo, coordinadora de políticas europeas en la Fundación Galicia Europa

Revista ECO. Julio 2026



El debate sobre el futuro Marco Financiero Plurianual (MFP) 2028-2034 es el foco de las conversaciones en Bruselas desde hace más de un año. No es para menos: se trata del instrumento que define las prioridades y los límites de gasto de la UE durante siete años, y que requiere, además, una compleja unanimidad entre los 27 Estados miembros y el respaldo del Parlamento Europeo. En esta ocasión, la propuesta de la Comisión rompe con la inercia histórica y abre un escenario lleno de incertidumbres, pero también de oportunidades.


El contexto explica, en gran medida, este cambio: las tensiones geopolíticas empujan a la Unión a redirigir sus recursos hacia áreas consideradas estratégicas, como la competitividad, la seguridad y la defensa. La consecuencia es clara: políticas tradicionales, como la cohesión y la PAC, pierden peso relativo. El incremento del 140 % en la rúbrica de “Competitividad, prosperidad y seguridad” es un claro síntoma de este cambio de prioridades.


Sin embargo, el cambio más relevante, y también más polémico, afecta al modo de gestión de los fondos preasignados a cada Estado miembro. La creación de los llamados “planes de colaboración nacional y regional”, que integrarán en un único documento por país los actuales fondos de cohesión, agricultura o pesca, supone una simplificación administrativa, pero también encierra un riesgo: la dilución del enfoque territorial. Si estos planes pasan a representar alrededor del 44 % del presupuesto comunitario—20 puntos menos que el actual—, cabe preguntarse si las regiones mantendrán un papel efectivo en la definición y ejecución de los fondos y, por tanto, en la aplicación de las políticas europeas.


A esto se añade el nuevo modelo de pagos basado en hitos y objetivos, inspirado en el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia. La experiencia reciente invita a la cautela: aunque este sistema está diseñado para mejorar la orientación a resultados, la justificación de costos seguirá siendo necesaria. Este doble sistema podría implicar, por tanto, mayor complejidad y comprometer la capacidad de las administraciones nacionales y regionales.


Otro eje clave es la flexibilidad presupuestaria. El aprendizaje de las crisis recientes se traduce en instrumentos que permiten reaccionar con mayor rapidez. Un 25 % de los planes prevé reservarse para hacer frente a estas contingencias y situaciones de emergencia.


Finalmente, la cuestión de los nuevos recursos propios vuelve a estar sobre la mesa. Sin ingresos adicionales, el equilibrio entre nuevas prioridades y políticas tradicionales parece difícil. Aun así, la exigencia de unanimidad hace poco probable avances significativos en este ámbito.


En conjunto, el MFP 2028-2034 aspira a convertirse en un presupuesto más flexible y adaptado a los retos globales. La pregunta de fondo es si esta ambición se podrá compatibilizar con un modelo de gobernanza que preserve la cohesión territorial.

 
 
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