Una puerta abierta a Europa para la juventud
Aitor Capeáns. Europe Direct Galicia
Revista ECO. Julio 2026

Imagen: © TOXO AGENCY 2026
Como jóvenes gallegos, pasamos años formándonos, adquiriendo conocimientos y preparándonos para el futuro. No obstante, cuando llega el momento de entrar en el mercado laboral, descubrimos que nos falta algo: la experiencia práctica. Esa habilidad para manejarnos en contextos reales y esa seguridad que solo adquirimos al enfrentarnos a nuevos retos. Es precisamente aquí donde programas como el IVY cobran todo su sentido.
Una experiencia con impacto real
El programa IVY (Interreg Volunteer Youth), promovido por la Comisión Europea y gestionado por la Asociación de Regiones Fronterizas Europeas, ofrece a la juventud la oportunidad de realizar un voluntariado de seis meses en proyectos de cooperación territorial europea. Esto implica colaborar con profesionales de distintos países en iniciativas que abordan desafíos reales en muchos ámbitos de la sociedad. Pero lo verdaderamente relevante no es el catálogo de temas, sino el impacto que esta experiencia tiene en la persona que la vive.
Aprender haciendo
Lo que realmente caracteriza el voluntariado IVY es su enfoque práctico. Los voluntarios se integran en equipos de trabajo reales, asumen responsabilidades específicas y contribuyen al progreso de proyectos que tienen un impacto directo en el territorio.
Esta inmersión proporciona una experiencia que no se puede replicar. Al coordinar tareas con compañeros y resolver imprevistos, desarrollamos competencias que el mercado laboral valora mucho, pero que raramente se adquieren en las aulas. La gestión de proyectos, el trabajo en equipo multidisciplinar y la capacidad de adaptación son habilidades que se forman en la práctica, y el IVY ofrece el contexto ideal para ello.
Superar la barrera del miedo y de la inseguridad
Uno de los mayores retos al buscar oportunidades en el extranjero es de naturaleza psicológica. Muchos jóvenes desestiman opciones internacionales debido a la inseguridad. El voluntariado IVY está diseñado precisamente para reducir esa barrera.
El programa cubre los gastos de viaje, alojamiento, manutención y seguro, además de proporcionar una asignación diaria a lo largo de la experiencia. Así, la situación económica deja de ser un obstáculo para acceder a una experiencia internacional.
Más allá del aspecto económico, el programa ofrece un acompañamiento que facilita enormemente el proceso. Las entidades de acogida brindan apoyo y orientación, permitiendo al voluntario ganar confianza de forma progresiva. No se trata de lanzarse al vacío, sino de avanzar en un camino bien señalizado.
Construir una identidad europea sin olvidar las raíces
Participar en un programa como IVY no implica alejarse de su propio territorio, sino comprender mejor su lugar dentro de Europa. A través de esta experiencia, los voluntarios conocemos de primera mano cómo funcionan los programas de cooperación territorial, cómo se gestionan los fondos europeos y cómo se crean proyectos comunes entre regiones con diferentes realidades.
Mucho más que una línea en el currículum
Sería un error limitar los beneficios del IVY al aspecto estrictamente profesional y económico. Quien ha vivido esta experiencia habla de una transformación más amplia y profunda. Esto desarrolla una madurez personal que va mucho más allá de lo que se puede reflejar en un currículum. La Comisión Europea reconoce esto explícitamente al señalar que el IVY busca fomentar un mayor sentido de ciudadanía y compromiso cívico entre la juventud, haciéndoles conscientes de los beneficios de la colaboración transfronteriza y reforzando los valores de solidaridad.
Fuente: Revista ECO









